La historia vuelve a repetirse; sólo cambió el país. En menos de una década el mundo vio en una suerte de laboratorio de crisis, como la de la Argentina que estalló hacia fines de 2001. Y hoy está observando cómo se cae a pedazos la economía de Irlanda, que es tratada de salvar -por todos y con todos los medios- por los principales países de la Unión Europea. En ese bloque hay temor al contagio, que puede venir por el lado de Portugal, España, incluso Italia, dicen los analistas. Irlanda -luego de Grecia- es el segundo país del bloque regional que es rescatado este año. Martín Lousteau observó, en vivo y en directo, la realidad crítica de lo que fue el gigante celta. El ex ministro de Economía de la Nación estuvo por Dublín, durante cuatro días, invitado para exponer sobre cómo la Argentina salió de la crisis de fines de 2001. Y recogió algunas experiencias para hacer sus primeras evaluaciones respecto de las comparaciones con el caso argentino. "Hay algunos aspectos en los cuales Irlanda se parece a la Argentina, pero no son los estructurales", advierte el economista en una charla telefónica con LA GACETA.

Lousteau mencionó, por caso, que el humor de la población irlandesa es similar al que existía en la Argentina precrisis. "La gente despotrica en las calles contra los banqueros y contra los políticos", indica. Claro está que el principal punto de comparación es que el país europeo hoy está sumergido en una fuerte depresión económica. "Llevan dos años de caída del Producto Bruto Interno (PBI) y acumulan 10 puntos de descenso de ese Producto", remarca quien fue el primer jefe del Palacio de Hacienda de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.

Hoy Irlanda -afirma- tiene deflación y una tasa de desempleo que ronda el 15% de la población económicamente activa. "En eso se parece mucho a la Argentina de 2002, de la presalida de la convertibilidad", puntualiza. La gran diferencia, a su criterio, es que en el país hubo dos cuestiones que ahogaron el crecimiento: el peso de la deuda pública sobre el PBI (es decir menos exposición por la acumulación de deuda externa) y el tipo de cambio.

"La explosión de la Argentina fue sumamente dolorosa en materia social, en términos de riqueza en general, pero esas cuestiones le limpiaron el camino o los problemas para el crecimiento", señala. El economista sostiene, además, que en el contexto que vivió el país a principios de este siglo, no había otro camino que la cesación de pagos, porque no generaba recursos para hacer frente a su alto endeudamiento en el sector público. Y apunta, al comparar con el caso actual de Irlanda: "primero tuvo la explosión propia de la burbuja en la economía de esa nación, pero no terminó de limpiar los problemas para que vuelva al crecimiento".

Lo más grave del asunto irlandés - insiste Lousteau- es el enorme déficit que representa alrededor de 32 puntos del PBI, producto del rescate financiero motorizado para salvar a los bancos. "En ese sentido, siguen con una dinámica de una economía que se va achicando, que está explotando y cuya economía sigue deprimiéndose", agrega en su charla con nuestro diario. Según Lousteau, hoy Irlanda, ayer Grecia, y tal vez otras naciones que integran la Unión Europea y que están en el ojo de la tormenta (España o Portugal) cedieron un 30% de competitividad en favor de Alemania, como punto de comparación, desde que arrancó el euro como moneda única del bloque. "Las economías más chicas se volvieron menos productiva, aunque tenían más crédito para adquirir bienes", puntualiza.

Sin calificación

La burbuja irlandesa explotó porque -en muchos casos- se ofrecían créditos sin tomar la calificación de quien lo tomaba. "Los llamaban créditos mentirosos que servían para adquirir una vivienda y hasta un automóvil" -mayormente de origen alemán- remarca el experto. "Los alemanes, que tienen una economía más competitiva del bloque, le prestaban plata a los británicos para que compren autos alemanes. Un fenómeno que se ve en las economías menos productivas", remarca.

Lousteau afirma, no obstante, que el temor que ha invadido a la Unión Europea ha llevado a que los líderes de la región tomen cartas en el asunto y actúen con el fin de rescatar a las naciones más dañas por la crisis global. Esa fue una de las razones que llevó a la UE y al Fondo Monetario Internacional a disponer de desembolsos para salvar bancos. Y en cuanto al final del ciclo crítico, el ex ministro coincide con otros expertos respecto de que todavía no está claro ese final: "aun no se puede discernir con claridad hacia donde va el mundo", insistió.

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El primer país rescatado
Grecia evitó caer en default en mayo pasado cuando la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobaron un préstamo de "rescate" a tres años de U$S 148.000 millones, el primero en el bloque. Como contrapartida, el gobierno socialista griego lanzó un profundo ajuste con recortes salariales, aumento de impuestos y haciendo más fácil a los empleadores despedir trabajadores, modificarles el sueldo, suprimir el pago de horas extras y las bonificaciones. Esto ha generado una fuerte movilización en repudio contra el ajuste.

Con el ajuste más traumático
Sumida en una profunda crisis, Irlanda anunció los detalles de un drástico plan de ajuste cuatrienal de 15.000 millones de euros que podría aumentar el descontento de la población pero que Bruselas consideró "una base sólida" para las negociaciones del rescate internacional. El programa incluye cerca de 25.000 supresiones de empleos en el sector público, subidas de impuestos y recortes de las prestaciones sociales para los particulares, pero como había prometido el gobierno no modifica el sacrosanto impuesto de sociedades.

Niega que necesite ayuda

Portugal vivió una semana movida, con una masiva huelga convocada por las principales centrales sindicales, en contra del ajuste fiscal. En los últimos días, el gobierno luso negó que requiera una asistencia financiera de la Unión Europea, como trascendió en esa región.  Anunció que buscará recortar el déficit del 9,3% al 4,6% del Producto  Bruto Interno (PBI) y reducir la deuda pública en 20.000 millones de euros en los próximos cuatro años, antes de que Portugal ingrese al mismo camino que recorren Grecia e Irlanda.